71 La olla está hirviendo. Agrega los mariscos que le ayudé a desgranar. La estancia se humedece de olores y se puede saborear cada respiro. - Es una marisca de los chicos, cerca de la Piedra de los lobos; en invierno los hacemos con mariscos secos. Me pasa las zanahorias para que las pele y las corte en cuadritos. Cuando la olla vuelve a levantar su hervor se le agrega las zanahorias. Más tarde van las papas que he cortado en cuartos y las arvejitas cinila , habas y arvejas. Entonces la veo picoteando una hoja grande que pasó a buscar a la pampa, cuando salimos a la huerta. La quedo mirando preguntona. - Esta es la romaza que en nuestra lengua antigua era levu, pero todo se ha modificado ahora - dice con tristeza. También la usamos para rellenar morcillas y picada como esto, para alimentar pavitos nuevos y chanchitos. Cuando no hay lechugas la uso también como ensalada. Se la agrega al final, un rato antes de apartar la olla al sector menos caliente de la estufa. Sigue cocinando. Ahora prepara un sofrito en manteca de cebollita en pluma, sal, comino y ají de color. Me pide llamar al resto de su familia que trabaja en los alrededores. Cuando empiezan a llegar vierte el sofrito sobre la cazuela y espolvorea mucho perejil picado. El vapor del mallo de papas invita a sentarse a la mesa. Comida y conversa con la nueva familia. El mate que nos servimos como sobremesa fue demasiado largo. Salí corriendo porque perdía el último bus, pero llevaba la seguridad de no quedar nunca más huérfana de ningún tiempo ni de nadie. CAZUELA DE MARISCOS CON ROMAZA Por un sueño Jessica Ojeda Care supo que tenía una abuela en la isla. Por antiguas fotos y familiares la encontró. Una mañana muy temprano atravesó el norte de la isla, desde Ancud, y apareció en el portal de su casa, en Lamecura. - Usted es NodeliaManzanares Millán - saludó a una figura menuda y morena, buscando en ella algún rasgo heredado. - Tú eras la señorita que anoche estaba en el fogón - le dijo como respuesta. Jessy, algo sorprendida, pensó que la abuela difareaba. Como si le leyera el pensamiento intervino. - Anoche en el sueño estábamos en el fogón. Había una gran llama que tiraba para arriba. Había más personas; entre ellas una señorita que me miraba con amor y admiración. Esa era usted. Jessica habló ese día con su pasado, con las venas más antiguas de su estirpe. Encontró la relación con el humo, con los pájaros, con el viento sur que ese día soplaba por todos lados. La abuela le preparó, al mediodía, la siguiente comida: Cazuela de mariscos con romaza Mientras asentaba la olla vio que en un rincón de la cocina había una botellita de plástico invertida donde mantenían en remojo permanente el ají cacho e’ cabra. Le pone ajos mortereados a la olla, sal, pimienta; sale a la huerta por chalotas y verduras y corta las cebollitas en cuadrados y saca el ají remojado y lo maja en el mortero. - ¿Y no le ponemanteca al frito? - pregunta Jessy a la nueva abuela. - Más tarde, cuando la cazuela esté lista le ponemos dos cucharadas de manteca - explica la anciana.
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