22 Patrimonio agrícola mundial Ocasionalidad Diferente resultaba ser la comida rural y la urbana; la de verano e invierno; la de los pobres y de las familias acomodadas; la de casa y la de camino; la de fiesta, trabajo y la cotidiana. Cuando llega una visita salen a la mesa los churrascos de masa, una taza de café (antes de trigo o malta), un mate o un trago de chicha. Si la visita es importante, una gallina es degollada en el acto. Es el cariño de la gente de campo. Recuerdo el olor a harina tostada y tortilla al rescoldo de mis compañeros de escuela en los inicios de los 60, en Calen. Los de lejos llevaban su bastimento que los impregnaba a ellos y a la sala de clases. “En cualquier arroyo hacíamos nuestra vulpeada -nos recuerda don José Antonio Panichini- cuando subía a maderear a las montañas de Cucao”. De camino también era el milcao y los frutos estacionales, desde la nalca al chupón. Ninguno de los dos era permitido en casa; las nalcas acarrean pobreza y a los chupones hay que escupirles las pepas. Otros frutos son los del calafate, poe, metahue, murta, llau-llao, cauchahue y los frutos y flores del mechay . Los motes de arvejas y habas también son estacionales. Como las papas nuevas raspadas con conchas de choritos. Las pancoras, cangrejos y erizos también tienen su tiempo de engorda. Las mazamorras, postres, empanadas y mermeladas se hacen cuando hay frutas. Sin embargo, en invierno se busca el dulce a través de las mellas de papas pilcahues y ‘trigo nacido’. La papa vuña, que se ha dejado podrir en agua, permite producir una mazamorra o mermelada. Los mariscos secos son preferidos en invierno, cuando los alimentos frescos escasean. El cancato o el recato fue la forma natural de asar pescados y mariscos mientras se estaba pescando y se salía a la playa a dormir o se estaba haciendo quercún, es decir, escampando el mal tiempo.
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