81 COCHAYUYO, EL COLLOFE DE HUENTEMÓ Efraín Chodil y su familia vivían del collofe. Si la familia lograba vender unos cien fardos al año, ya que tenían lo necesario para comprar las faltas. El mate y la harina eran imprescindibles. El resto lo prodigaba el mar y algunas papitas brotaban en los papales. Iban a los roqueríos de Huentemó para los grandes bajamares . Así podían alcanzar los huiros cuando las olas se recogen. Machetear y arrastrar la carga antes que el agua volviera. Después se deja sobre la pampa y las rocas de afuera para que los queme el sol; hay que esperar que llueva y los moje la lluvia para así blanquearlos 64 . Cuando se vuelve a secar con el sol “se acarrea para la casa en grandes caravanas” . Se arman los atados con toda la familia trabajando. Salen unos 200 paquetes al día. Finalmente se hacen los fardos con 100 paquetes que se amarran con boqui . - Nos pagaban 100 pesos al por mayor en Castro - dice don Efraín. Se instalaba toda la familia en el mercado y con los mismos fardos hacían sus casas y ahí permanecían hasta que lo vendían todo 65 . Cochayuyo, cochaguasca y collofe han sido los nombres que ha tenido en Chiloé. Cochayuyo es el nombre quechua como ya se le conocía aquí, a mediados del siglo XVIII. Collofe es la ‘tintura parda’ , porque de sus tallos los mapuche sacaban un colorante, casi negro, para teñir. Así se le llama todavía en Cucao, de cuyos roqueríos es originario. El tronco (estipe) llamado ulte o lembo se consume crudo o cocido, pero fresco. El espinazo o la cabeza de cordero pueden ser acompañados de luche o cochayuyo. También es muy usado en guisos y relleno de empanadas. En estofados con verduras y semillas. Hoy, incluso, se elabora mermelada de cochayuyo, ceviches y se usa como soporte de rellenos de verduras, mariscos y pescados. Balseo de las ánimas Efraín Chodil, cuando supo que estaba muerto, viajó a Pirulil, al lado opuesto de Huentemó, y desde esos roqueríos llamó con todas sus fuerzas por balseo. Y esperó como cuando aguardaba por marea para el collofe , hasta que llegara Tempilcahue y lo condujera en su botecito blanco adonde llevan a los muertos. Apareció el trasladador de almas con su pachorra milenaria. - Ya me llegó la hora - dijo el cucaguano, como disculpándose y acomodándose en la emarcación, como si fuera a viajar nuevamente a la Patagonia. El hombre de las indumentarias albas olía a marea y a algas, pero no le contestó con palabras; lo miró de soslayo, como dándose por enterado que ya estaba dentro del bote. Más rápido de lo que hubiera querido ya navegaba en medio del Océano, sobre las ondas de la marboa . Muchas veces había ido a pescar corvinas a estas lejanías de la costa. 64 El cochayuyo que se consumía internamente en Cucao se curanteaba, perdiendo su gusto yodado y manteniendo su tono pardo natural. 65 Efraín Chodil entrevistado por Mario Uribe en 1979. Algas

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