67 MARISCOS 63 Juan Colorado Se mea sentado. (El piure) El asentamiento humano en las costas de las islas ha determinado que las playas constituyan la huerta más pródiga del chilote. Sin sembrar, sin invertir en semillas ni fertilizantes, esta actividad sólo está determinada y regulada por las mareas y las inclemencias del tiempo. Antes de que el marisco entrara en el círculo comercial constituía una actividad propia de las familias que mariscaban en sus propias playas o viajaban por algunos días a lugares donde la abundancia era mayor. Estas faenas ( maleos ) se hacían sólo en los pilcanes o grandes mareas que ocurrían dos o tres veces al año. El marisco se cocía en curanes , en los mismos lugares de recolección, cuando se estaba fuera del hogar, y luego se ensartaba en cuelgas sometidas al humo para su preservación por todo el año. Cuando llevaba distintos mariscos eran chadupes o chaitunes . Este alimento generalmente era consumido por los mismos hogares recolectores. El excedente de los mariscos ahumados se comercializaba. La Pincoya era la patrona de estas mesas y su reguladora. Hoy ese rol lo impone la industria. El marisco formó parte de la comida diaria de quienes han vivido en este archipiélago. A veces frescos, otras ahumados; a veces sólo sancochados, otras asados a las brasas ( Chequey o chanquil ) o en comidas más complejas, como guisos o empanadas. El curanto es un cocido precolombino de los mariscos en piedras calientes, asentamiento que reemplazó la ausencia de vasijas de greda en las islas. El chadupe o chaitún era un curán que llevaba distintos mariscos. El mismo nombre se le daba a un guisado con estos mariscos recién curanteados o secos, especialmente piures, navajuelas y choros. Se condimentaba y se le agregaba arroz. Consejos Un marisco fresco siempre está fuertemente cerrado. Si está abierto se recoge al tacto. No conviene dejarlos en agua dulce, porque acelera su muerte. Los mariscos al vapor no llevan agua ni sal. Ya lo tienen. Lo que sí complementa el sabor es agregar un vaso de vino blanco. No hay que recocer los mariscos, sólo basta unos minutos para que abran sus conchas. 63 1. Para que los mariscos de la playa no se sequen (mueran, no se extingan) hay que mariscar con un palde de mechay (Achao). 2. La gente que marisca tiene que pagar a “La Serena” cada año, dejando la plata en una roca. Si no les pagan ésta los agarrará [Quenac). 3. Cuando se va a mariscar no hay que tirar piedras al mar, de lo contrario no encontrará mariscos (Achao). El respeto mágico por el mar es muy fuerte entre los chilotes. Los antiguos cronistas nos cuentan, y los sobrevivientes kawáshqar o alacalufes mantienen la costumbre de no tirar al mar las conchas de los mariscos consumidos durante la navegación y los conservan hasta llegar a tierra. 4. La navahuela, por tener una cruz, no debe comerse el Viernes Santo. Mariscos
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