43 C on carnes rojas en asados, estofados y cazuelas se agasaja al afuerino. Esa ha sido la comida de las fiestas y celebraciones. Los restoranes también se iniciaron con estas ofertas. Los primeros parroquianos que solicitaron alimentarse pagando por ello fueron marinos y pescadores que recalaban en los puertos. Más tarde eran viajeros desde la zona central de Chile. En los 60 llegó mucha gente tras el “Puerto Libre” centrado en Castro y Ancud. Después fueron turistas atraídos por la naturaleza silvestre y la cultura tradicional del sur de Chile. Estas visitas, además de carnes, buscaban mariscos y pescados frescos. Así la carta del comercio gastronómico se amplió a estos productos, casi como comida de casa. Más tarde la industria introdujo gustos y sabores a Chiloé. El salmón no se conocía hasta fines de la década del 70 cuando la “Union Carbide”, una empresa estadounidense, comienza a cultivarlo en Curaco de Vélez. El aumento progresivo de la población desde 1980 y los nuevos hábitos alimenticios, determinados por el trabajo asalariado, asentarán con fuerza un comercio gastronómico, especialmente en Castro, Ancud y Quellón y con modestia todavía en las otras cabeceras comunales. Cocinerías Las cocinerías aparecen a mediados de los 70. Nacen como ranchitos o quioscos, muy mal equipados, con un mesón donde se expende comida. Funcionan con un permiso municipal. Es el equivalente al ‘fast food’ que nace en las grandes ciudades. Otros mercados municipales como los de Chonchi combinan sus ofertas entre los distintos puestos. El de Dalcahue funciona La comida de cocinerías, ferias, mercados y festivales con platos individuales, con un repertorio un poco más amplio con cazuelas regionales y asados de cordero. En Quellón hay dos locales con este nombre, del mismo dueño, pero más bien corresponde a un restorán popular. Si bien los platos de las cocinerías en general son económicos, carecen de creatividad en la preparación de las carnes y sus acompañamientos. Por ejemplo, es difícil encontrar ensaladas que no sean de lechugas o tomates. La comida, desgraciadamente, ha entrado en la cadena de la oferta y la demanda, como ha ocurrido con la artesanía y otras actividades, volviéndose un simple comercio, perdiendo su ancestral prestigio, orgullo y sabor.
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