1 1 1 HORTALIZAS Un palito parado Con saquitos al costado. (Mata de haba) Habas y arvejas empiezanadecorar lahuerta. Llegan también cades y tordos . Las hacendosas campesinas levantan espantapájaros y bulliciosos artilugios para alejarlos de los brotes primaverales. La pilqueñtucular era la sembradora de habas de luna menguante. El día preferido es el de San Bartolo, 24 de agosto. Se vestía con el máximo de ropas de distintas personas y cargaba sobre sus hombros a un niño pequeño que estuviera sano. Mientras regaba la semilla, se la alimentaba permanentemente para que así satisfecha la siembra resulte granadora. Más tarde se desgranan en motes, en cazuelas y acompañando estofados de ave. Las que se salvan, cuando los capis están secos, se apalean para guardar la semilla. Cuando hay escasez de manzanas se fermentan las vainas de arvejas por una quincena y resulta una ‘chicha aloja’ que, aunque débil en su sabor, reconforta las carencias. El ‘mote de habas’ consiste en hervirlas sin vaina, en agua y sal hasta ablandarlas. El ‘mote de arvejas’ se cocina de igual modo, pero con el capi. Ambas legumbres se dejan enfriar un poco y generalmente se comen sin aderezos, pero algunos untan las habas en salsas o aliños a base de aceite, sal, limón o vinagre. Generalmente se consumen en horas de once o de merienda. También se prepara una ensalada de habas aderezada con sal, aceite, limón, cebolla amortiguada y cilantro picado. Juanita Paichil, una vuelta, soñó que sembraba arvejas y que, a medida que las enterraba, crecía el brote, hacía tallo y los sarmientos seguían subiendo por sobre su cabeza. Entonces escuchó entre sueños que le decían: -- -Si sueñas con arvejas vas a recibir plata. Despertó bruscamente. Se sentó en su cama contrariada, restregó sus ojos y atravesó la estancia hacia su patio. Salió a la huerta y estaba tan granada como en el sueño; las varas eran insuficientes para tanto tallo y los capis explotaban de granados. --- ¿Y cómo tu supiste abuela que soñaba con arvejas?, le dijo molesta, mirando hacia el vano de la puerta. --- A veces los sueños se ven, respondió con humildad la voz de la anciana. Quedó mirando el hoyo vacío de la puerta y moviendo la cabeza gritó con desesperación: --- ¡Abuela, abuela... cuando te convencerás de que ya estás muerta y dejarás de entrar a mis sueños! HUERTA, huevos verdes y repostería
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