216 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE Transcurrió cerca de una década y don Ricardo finalmente falleció a una edad cercana a los setenta años, dejando una generosa herencia para repartir entre sus hijos, quienes dividieron las tierras y continuaron viviendo de la agricultura en la zona. Pero los descendientes de don Ricardo siguieron dando que hablar: como una prueba más del espurio origen de tanta opulencia, sus hijos terminaron peleados a muerte, sin ninguna razón objetiva para que ello ocurriera. Ronald, uno de los hijos de don Ricardo, heredó algo más que terrenos y animales: también se comentaba que había hecho un pacto con el misterioso amigo de su padre. En una ocasión, Ronald se acercó a conversar con uno de sus trabajadores que, con su trabajo, mantenía a su señora y a ocho hijos. Con prepotencia, le preguntó: “Oye, Lucho, ¿cómo diablos te las arreglas para mantener a una familia tan numerosa?”. El trabajador, extrañado, le contestó: “Trabajando, pues, patrón. Nunca sobra nada, pero gracias a Dios tampoco falta”. Ahí, Ronald le comentó: “Yo conozco a un amigo que te puede ayudar a mejorar tu situación. Él viene mañana a las doce de la noche, así que si te interesa, ven para mi casa y yo te lo presento”. “Cuando llegaron, los esperaba de espaldas un caballero muy encachado, vestido completamente de negro y, cuando se dio vuelta para saludar, su sonrisa dejó entrever un brillante diente de oro”.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy