120 Patrimonio agrícola mundial Orfa ha sido toda su vida una mujer de buen humor. Cuando niña sus arranques de jovialidad le trajeron algunos percances. Estaba en el corredor de su casa paterna y vio acercarse a un hombre mechudo, pequeño, con poncho de un café de hietra, desteñido. Muy jovial y solícita lo saludó: --- Buenos días don Panchito, ¿vendrán a comprar clavos? - haciendo referencia burlona a su cabezota de puercoespín. --- No señorita - le respondió con un boceto de ironía en su voz/ labios que no entendió - No tengo necesidad de clavar ninguna tabla, pero los clavitos nunca están de más. Su padre Antonio salió a la puerta de su despacho maliciando que su hija podía provocar con sus bromas al brujo más temido de la comarca. --- ¡Don Francisco! -saludó afectuoso- ¿en qué anda por acá, con estos caminos tan malos..? --- Por algunas faltitas, don Antonio… No había oscurecido completamente cuando Orfa sintió una picazón en la espalda. Su madre Socorro le levantó la blusa y cien puntitos rojos invadían los omóplatos. Es una alergia, pensó, pero cuando pasó la mano por su piel la chica gritó con mucho dolor. Durante la noche mantuvieron a raya una severa fiebre, con agüitas de natre y cataplasmas. Despertaba, por momentos, gritando y con el cuerpo sudado: -- - ¡Don Pancho de Colegual me clava con clavos por todo el cuerpo - difareaba. --- Algo pasó entre esta chiquilla y ese viejo brujo - dijo su padre cuando por tercera vez despertó gritando lo mismo. --- Algo escuché respecto a clavos… - le confidenció a Socorro. Esa mañana, antes de las 9 golpearon. Era el mismo anciano mechudo. -- -Si tuvieran voluntad de venderme yerba mate –dijo desde afuera- ayer se me olvidó comprar. --- A ese brujo lo atiendo yo - dijo la madre, que para ciertas situaciones tenía más carácter que Antonio. Abrió la puerta de dos hojas y una vez que su cliente estuvo adentro volvió a trancarla. Avanzó hacia el pequeño visitante y lo agarró por el pilco del poncho sebiento. --- Te doy una hora para que mi hija recupere la salud, brujo tiños - le decía mientras sostenía el menudo cuerpo suspendido a una cuarta del suelo. Al soltarlo el hombrecito se arranó sobre su propio peso y trató de salir, mascullando entre dientes: --- ¡Qué dice, por Dios señora!; ¡qué privación es esta…! - decía tartamudeando. Ella tomó la tranca y la alzó amenazante como si la fuera a descargar sobre él. --- Si en una hora la Orfa no tiene mejoría, date por muerto y ahora anda vete rápido a quitar tus brujerías. En dos zancadas el inculpado voló hacia la puerta. Antonio aguardaba cerca y juntos subieron al dormitorio de Orfa. Cuando entraron se enrollaba en sus frazadas y transpiraba copiosamente, mientras decía confusas palabras. ---Estas son contorsiones por la fiebre. La bañaremos con jugo de arrayán, hierba buena y sal. Primero se hierve y hay que dejarlo enfriar. Anda a buscar una sábana para que la empapemos con esa misma agua fría y después la envolvemos. También le aplicaremos cataplasma de papa rallada y jugo de natre en la frente. Bajaron al primer piso y cada uno empezó a preparar la receta. Para su sorpresa, la niña los esperaba con los ojos abiertos, tranquila y con una sonrisa cansada. --- Tuve un sueño muy malo, pero un pajarito me acaba de despertar picoteando en la ventana. Sabes mamita- le dijo con ánimo - por qué no me traes ese postre de hiciste ayer. Postre de manzanas para pasar brujerías

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