EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

225 CON EL DIABLO EN EL CUERPO la mayoría aseguraba que, en realidad, la razón de tan sorpresiva riqueza era que el parcelero, durante la noche de San Juan había realizado uno de los rituales para invocar al diablo, quien le habría indicado el lugar preciso de un tesoro oculto en sus tierras, a cambio de su alma. Luego de este sorprendente cambio, don Alberto comenzó a adquirir tierras y a incrementar su patrimonio. Tiempo después, él apareció por el pueblo totalmente rejuvenecido, producto de un nuevo acuerdo con el Cola de Flecha, con quien se habría reunido a la medianoche en un cerro cercano, en el centro de un pentagrama dibujado con su propia sangre. Al poco andar, don Alberto abandonó a su mujer y era frecuente verlo disfrutando de los placeres que ofrece la noche, siempre rodeado de jovencitas, que se acercaban a él por interés. Pero como dice el refrán, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, y un Viernes Santo don Alberto falleció mientras dormía. Algunos vecinos asistieron a su velatorio, más por costumbre y por lástima que por cariño, debido a que después de su vertiginosa riqueza, don Alberto se había transformado en una persona altanera, prepotente y arrogante. Con el ataúd dispuesto frente al altar, la pequeña capilla de pueblo estaba iluminada solo por la luz de los cirios. De repente, un fuerte ventarrón abrió con violencia las puertas, apagando las velas y dejando al recinto sumido en la más negra oscuridad. Cuando volvieron a encenderlas, descubrieron que el ataúd estaba cerrado, pero sin los restos del finado, confirmando que este había realizado un pacto con el Mandinga, quien había cobrado su parte del contrato, arrastrando a don Alberto, en cuerpo y alma, hasta el mismo infierno.

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