EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

220 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE un pacto con el diablo. Se dice que los términos del contrato fueron simples y precisos: el protagonista de esta historia sería el beneficiario de una riqueza ilimitada y a cambio, entregaba su alma al Maligno, quien solo podría cobrar su parte del acuerdo cuando el cuerpo inerte del español cayera sobre la tierra. Respecto de las riquezas adquiridas como resultado de un pacto con el diablo, quienes son conocedores, comentan que estas solo traen infelicidad y angustia a sus beneficiarios. Aparentemente, no fue el caso de Martín Busca: quienes lo conocieron y recuerdan, describen a este español como un hombre alto, ancho, fuerte y de carácter, pero también de buen trato y excesivamente generoso, llegando a convertirse en un importante benefactor en el Valparaíso de la primera mitad del siglo XX, ofreciendo plazas de trabajo, participando de actividades de beneficencia y ayudando permanentemente a los más carenciados. Cabe preguntarse si esta conducta correspondió a una sensación de empatía por personas que vivían en la misma condición que él padeció por años o solo fue un esfuerzo por recuperar su alma empeñada, a través de buenas acciones. La leyenda cuenta que Martín Busca continuó viviendo una vida de riqueza y prosperidad en un terreno de más de 7.000 m2 que adquirió en el valle de Casablanca, acompañado de su hermano José y sus sobrinos, Guillermo y Pedro. Las malas lenguas aseguran que Busca recibía frecuentes visitas, en plena noche, de un lujoso carruaje negro tirado por briosos corceles del mismo color, cuyo único pasajero era Satanás, quien viajaba hasta la finca para recordarle la deuda pendiente. No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, reza un viejo refrán. Por esta razón, conforme nuestro protagonista envejecía y veía a la muerte más de cerca, se sentía cada vez más abrumado y angustiado, como si una nube negra se hubiese instalado sobre su cabeza. Cuando se vio agobiado por las preocupaciones, Martín Busca confesó el secreto a sus más cercanos, quienes trataron de ayudarlo a encontrar una salida a su calvario. Las fuentes difieren del autor de la solución. Unos afirman que fue su hermano José el de la idea; otros, que fue un cura, y más de alguna versión establece que fue el propio Martín quien se dio cuenta de que la respuesta estaba frente a sus ojos: si el contrato estipulaba que el Mandinga cobraría su alma solo cuando su cuerpo tocara el suelo, bastaba con evitar a toda costa que eso ocurriera.

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