Revista Nuestra Tierra Nº 293 - page 35

N° 293 ABRIL 2015
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EL VALOR DE LA MEMORIA
CAMPESINA EN MELIPILLA
Hace medio siglo, las familias
campesinas de Culiprán
comenzaron a escribir la historia
con la tinta de sus ásperas manos,
haciendo carne el eslogan
“La tierra para el que la trabaja”.
E
ra de noche aquel domingo 17 de octubre de 1965. En el
sector denominado Las Palmeras se reunieron los cinco
dirigentes del sindicato y el regidor melipillano Alberto
González. Cerca de la medianoche se dividieron en dos grupos
que tenían como misión poner bajo llave los principales puntos
de acceso al enorme predio. Juan Cuevas, Ernesto Polanco y
Juan Segundo Núñez cerraron las puertas de El Molino, y Luis
Guerra y Eduardo Vargas las del camino a El Dibujo.
Sabían los protagonistas que el sonido del metal del
candado contra el metal de las grandes puertas, en medio de
la noche culipranina, en realidad estaba abriendo el camino
a un nuevo amanecer, haciendo brotar allí el eslogan: “La
Tierra para el que la trabaja”.
Juan Cuevas
, el único dirigente sobreviviente de aquel episodio
que cambiaría para siempre la vida de las familias de esa
localidad perteneciente a la comuna de Melipilla, rememora
así el hecho que se anticipó en dos años a la promulgación de
la Ley de Reforma Agraria impulsada por el Presidente Eduardo
Frei Montalva. “Después que nos tomamos el fundo, era seguro
que venía el desalojo, pero nosotros ya estábamos decididos a
pelear por lo que sentíamos nuestro. Felizmente, gracias a que
intervinieron algunas autoridades, no nos sacaron por la fuerza,
porque estábamos decididos a pelear”.
En las horas siguientes a la toma se fueron uniendo más
campesinos con sus mujeres y niños compartiendo una olla
común. La toma se prolongó por un tiempo, al calor de tonadas
y rancheras interpretadas por cantoras del lugar, lo que hacía
más llevaderos aquellos momentos de incertidumbre, pues no
se sabía si aquel acto de rebeldía llegaría a buen puerto.
Don Juan Cuevas, el último de cinco líderes del movimiento.
Los otros cuatro ya fallecieron.
La gran satisfacción después de toda una vida de trabajo:
un campesino con su título de dominio.
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