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E
Cuand� conoc� e� mar
EMILIO CASTRO VIDELA, 34 AÑOS
ALTO HOSPICIO
PRIMER LUGAR REGIONAL “HISTORIAS CAMPESINAS”, TARAPACÁ
TERCER LUGAR NACIONAL
n mi adolescencia, cuando tenía doce años, nos
*Para los fines de la presente publicación, el cuento original fue
acortado, respetándose la redacción e intención del autor.
noche me saqué los zapatos y me mojé los pies y corríamos de
felicidad mojándonos y tirándonos arena. Ese fue mi encuentro
con el mar. Después nos cansamos y nos dio sueño. Nos fuimos
a un muelle y en eso encontramos unos rumos de red de los
barcos pesqueros que estaban en el muelle, nos subimos arriba
y nos acurrucamos y nos tapamos con las redes y quedamos
abrigaditos y nos quedamos dormidos, y cuando dormíamos
sentimos una bulla y miramos desde arriba y andaban unos
cuidadores y nos alumbraron con un foco y nosotros nos
asustamos y salimos arrancando para la playa y ahí nos pasó
algo que hasta el día de hoy pienso que Dios nos mandó dos
ángeles para que nos cuidara.
Se nos aparecieron dos perros Pastor Alemán: un perro y una
perra. Los dos tenían un collar que era como de plata y se nos
abalanzaron como si nosotros fuéramos los dueños. Nos movían
la cola y nos lamían la cara, y jugamos con ellos y nos fuimos
para la ciudad a buscar un lado donde dormir y cuando
caminamos por las calles salían otros perros y la perra se
quedaba al lado de nosotros y el perro los enfrentaba también.
Nos cuidaron toda la noche hasta que encontramos unos
cartones y llegamos a un lado donde los marinos tenían la
gobernación y debajo de donde tenían unos mástiles para
banderas había un tipo de túnel que tenía dos entradas. Nos
metimos ahí, pusimos los cartones, nos acostamos y pasó algo
muy raro. La perra se metió por un lado y el perro por el otro
lado y quedamos al medio de ellos bien abrigaditos y nos
quedamos dormidos todos. Al otro día despertamos y ya los
perros no estaban. Miramos hacia afuera y se veían puras
piernas con chalas y salimos. Era pura gente que iba hacia la
playa, llegamos hacia allá y estaba llena la playa de gente y
miramos para todos lados por si veíamos a los perros, pero no
los vimos nunca más y nos dimos cuenta que Nuestro Señor nos
mandó a esos ángeles para que nos cuidaran en la noche y esa
fue la primera vez que conocí el mar.
juntábamos un grupo de amigos, éramos muy callejeros y en el
grupo había uno que se llamaba Toño y era de familia de
pescadores. Un día llegó al grupo y se puso a contar que el papá
lo había llevado para la playa y por primera vez vio el mar y nos
dejó a todos entusiasmados.
Yo me fui para mi casa y le dije a mis padres que me llevaran y
mis padres me decían que algún día me llevarían, pero no
aguanté los deseos de conocer el mar así es que un día me fui a
la casa de mi amigo el Toño y le dije si él se sabía el camino para
llegar al mar y me dijo que sí, y nos pusimos de acuerdo. Fuimos
a nuestras casas a buscar un poco de ropas y nos fuimos.
En el camino nos fuimos haciendo dedo y nadie nos llevaba.
Pasamos muchos pueblos y caminamos mucho. Nos fuimos
como a las diez de la mañana hasta las ocho de la noche cuando
cayó el sol, luego llegamos a la salida de los pueblos donde se
acababa lo verde y empezaba el desierto.
Seguimos caminando, se veía más tenebroso de noche, y
llegamos a un pueblo llamado San Pedro. Gracias a Dios justo iba
saliendo una camioneta y cruzamos los dedos para que doblara
con dirección hacia donde íbamos nosotros, y así fue. Y le
hicimos dedo y paró la camioneta y se bajó una abuelita y nos
dijo: “Y ustedes tan chiquititos, tan tarde que andan por aquí”. Y
nosotros le dijimos que éramos de Caldera y nos habíamos
venido solos a ver a una tía, pero no la encontramos y nuestra
mamá tenía que estar llorando por nosotros y la abuelita nos
hizo subir y el abuelo como que sospechaba que le estábamos
mintiendo.
Cuando estaba durmiendo mi amigo me despertó y me dijo:
“¿sientes el olor?” Y sentía el olor a pescado y le dije que sentía
olor a pescado y me dijo: “Ven, mira”. Y yo miré y se veían unas
luces, y esas luces eran barcos que estaban en el mar. Me dio
una alegría.
Luego bajamos la última subida de la carretera y ahí estaba
Caldera y se sentía el rugir del mar y las olas golpeando, y
cuando íbamos entrando al pueblo había un cruce, y la
camioneta paró y aprovechamos de bajarnos y arrancar y le
gritamos a los abuelitos gracias y nos fuimos corriendo a la
orilla de la playa y por primera vez vi el mar a las diez de la
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