Programas ministeriales mejoran la calidad de vida en el campo

30 de oct de 2013

Tres testimonios de distintas zonas del país que reflejan experiencias agrícolas y familiares con algo en común: mayor productividad y bienestar gracias al apoyo del ministerio de agricultura.

Trabajo, determinación es lo que impulsa cada mañana a Juan Medina Catalán, un agricultor de la Región de Aysén que ha sabido aprovechar las oportunidades y programas ministeriales.

Este hombre de 56 años, de contextura delgada, tez morena, ojos oscuros y su particular boina sobre su cabello negro, fue reconocido durante el Día del Campesino en la zona, que este año fue conmemorado en Coyhaique. Además fue aplaudido por 200 productores, académicos y profesionales en el Seminario Desafíos realizado en septiembre por el Ministerio de Agricultura en Aysén.

“Ser campesino hoy día es un honor. Hay que aprovechar todos los recursos del Estado y de los nuevos tiempos, valorar la tierra para las nuevas generaciones, pues viene mucha gente detrás de nosotros y hay que dejarles un legado como lo dejó mi padre y mi madre”, comenta.

Juan trabaja junto a Berta Díaz en las 37 hectáreas de su campo Santa Andrea, en el sector Viviana Norte, kilómetro 21 del camino Aysén-Coyhaique. De sus padres aprendió el valor del trabajo y la tierra.

Su sueño es transformar sus tierras en un campo modelo, “sin basura, sin desorden, donde todo esté bien organizado y aprovechado”, comenta al mostrar orgulloso lo que ha logrado con el Sistema de Incentivos a la Sustentabilidad Agropecuaria de los Suelos Degradados, el Programa de Desarrollo de Inversiones y el Programa de Desarrollo Local, más un proyecto ovino de Indap-Inia y otro de plantaciones de Infor, establecidos en su predio como modelo.

Desde hace cinco años ha limpiado y fertilizado la pradera, construyó un galpón de al menos 50 años por la magnitud de las vigas y ha organizando ovejas, vacunos, cerdos, gallinas y patos en potreros y corrales, habilitados por especie. Además están las cortinas cortavientos, los frutales y la huerta con grosellas, nabos, cebollines, ajos y otros cultivos de autoconsumo que administra Berta.

“Esto da fuerza. Quien planta un árbol tiene una esperanza. El Estado da tanta fuerza al campesino con charlas y recursos y el hombre tiene que dejar huellas en la tierra, porque tras nosotros vienen nuevas generaciones”, destaca.

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