La asociatividad facilita el progreso, la competitividad e inserción en los mercados

27 de dic de 2013

El modelo ha vuelto a tomar relevancia en el sector agrícola. La conformación de asociaciones, cooperativas y grupos de transferencia permite optar a herramientas y recursos del Estado para mejorar los procesos productivos en comunidad.

A fines de la década de los 90, un grupo de 12 agricultores de Graneros y Codegua decidió reunirse para dar forma a “Frutas de Chile”, compañía que a la fecha ha generado un patrimonio superior a los $150 millones, gracias al trabajo en equipo y la unión de sus integrantes.

Desde sus inicios, tanto la organización como sus socios, de manera individual y asociativa, han sido usuarios de los distintos programas del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) del Ministerio de Agricultura, accediendo a créditos de corto y largo plazo, incentivos a la inversión agrícola, riego, servicios de asesorías técnicas y de gestión.

El objetivo era optimizar la calidad de los productos para alcanzar mayores volúmenes de ventas y, por otro lado, mejorar la comercialización. Fue así como al cabo de 3 años y medio de gestión, pudieron juntar el capital inicial para la conformación de la empresa, que tiene como principal activo un frigorífico con capacidad de almacenamiento de 800 bins, situación que podrá mantener en perfectas condiciones los duraznos conserveros que producen año a año.

Pero eso no es todo, porque gracias a la asociatividad y el esfuerzo grupal pudieron levantar en el mismo terreno donde se emplaza el frigorífico, una sede que cuenta con todas las comodidades necesarias para reuniones y actividades de diversa índole. Incluso, según su presidente Juan Campos, el espacio está abierto a toda la comunidad.

El líder de “Frutas de Chile” es claro y enfático al señalar que la clave del éxito en su empresa es la asociatividad. “Era bastante difícil subsistir como agricultores de forma separada, por eso decidimos unirnos para solucionar el problema y posteriormente aumentar los volúmenes de ventas”, puntualiza.

Asimismo, confiesa que asociarse significó que su empresa consiguiera menores precios a la hora de comprar insumos y poseer mejores condiciones de negociación con sus proveedores. “Uno de los grandes problemas que debíamos enfrentar como productores de duraznos, antes de tener la cámara de frío, era que el intermediario nos fijaba muchas veces el precio, eso debido a que nuestros productos duran muy poco tiempo”, afirma.

En la actualidad, “Frutas de Chile” vende sólo a una empresa más de 1.300 kilos de duraznos, una cifra impensable de alcanzar en el pasado. Por ello, las expectativas han ido en aumento y la idea del grupo es ampliar su oferta, como también proveer a grandes supermercados.

El caso de esta organización es una muestra de que la conformación de asociaciones, cooperativas y grupos de transferencia permite optar a herramientas y recursos del Estado para mejorar los procesos productivos en comunidad.

El presidente de la Unión Nacional de Agricultura Familiar, (UNAF) Juan Corvalán, señala que “la asociatividad es importante y necesaria a nivel de la Agricultura Familiar para enfrentar el desafío de una economía globalizada. Hoy existen nuevas problemáticas productivas, de acceso a los mercados que sólo se pueden enfrentar de forma asociativa”.

Apoyo de Indap

Indap está consciente de que estas figuras asociativas son eficientes y beneficiosas para el desarrollo de la agricultura familiar.

El Programa de Gestión y Soporte Organizacional (PROGYSO) promueve el fortalecimiento y desarrollo de las Organizaciones Campesinas sin fines de lucro. Actualmente, el PROGYSO trabaja con 14 confederaciones y 103 organizaciones promedio a nivel nacional y en 2013 cuenta con un presupuesto superior a los $600 millones.

“El PROGYSO busca financiar el desarrollo de habilidades, y capacidades de la organización. También aumentar y expandir la representatividad con una mayor cobertura territorial y el desarrollo comunicacional de las mismas”, señala Juan Pablo Rodríguez, jefe de Fomento de Indap.

El Instituto también trabaja directamente con algunas organizaciones a través de convenios asociativos, los cuales van ligados al desarrollo del diagnóstico técnico de sus agricultores, viendo cuáles son sus necesidades y cómo pueden satisfacerlas a través de los distintos programas de Indap.

Grupos de Transferencia Tecnológica (GTT)

Por otro lado, los Grupos de Transferencia Tecnológica (GTT), instrumento financiado por el Ministerio de Agricultura y ejecutado por Corfo, tienen el objetivo de cofinanciar a grupos de empresas silvoagropecuarias con un rubro y área geográfica en común, para que, mediante el intercambio entre sus pares, el liderazgo de un coordinador y un plan de trabajo acorde al diagnóstico de brechas productivas del grupo, incrementen de manera sostenida su productividad y aceleren su proceso de crecimiento, fortaleciendo de esta forma la asociatividad entre sus integrantes.

Carlo Rojas, encargado ministerial del instrumento GTT, destaca que “el gobierno del Presidente Sebastián Piñera vio la necesidad de retomar esta metodología que fue muy exitosa en los años 80, con el fin de organizar y asociar a productores en torno a tecnología, adecuándolos a la realidad actual”.

En 2012 se realizó un plan piloto con la formación de 20 GTT y para este año se contempla la formación de 60 grupos más, con recursos del Ministerio cercanos a los $800 millones anuales.

Los GTT están compuestos por 10 a 15 productores, fundamentalmente medianos agricultores, quienes a través de un coordinador, que realiza un diagnóstico, se detectan cuáles son los problemas productivos a resolver. Posteriormente, se elabora un plan de trabajo que les permita intercambiar conocimientos, tecnologías y experiencias a través de reuniones, parcelas demostrativas, días de campo, charlas de expertos, etc. Los proyectos pueden ser sobre manejo de cultivos, riego, cosecha, maquinaría, etc., dependiendo de la necesidad del grupo.

 

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