Proyecto INIA determina la “huella del agua” en diez productos

07 de nov de 2012

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias estudia el indicador de uso eficiente del recurso hídrico y el rendimiento obtenido.

Alfonso Osorio Ulloa

Ingeniero Agrónomo, M.Sc.

INIA Intihuasi

 

La población mundial crece sostenidamente en el tiempo y se requiere de una mayor cantidad de alimentos para satisfacer la demanda. El agua es uno de los elementos más importantes en su generación, ya que participa en todos los procesos productivos. Según los últimos estudios, el agua dulce en el mundo tiende cada día a ser más escasa, por lo que es imprescindible optimizar su uso especialmente en el sector agrícola, el que junto con la minería y la industria es la actividad económica que más la utiliza.

 

Uso del agua en Chile

 

El uso eficiente del agua es un concepto muy recurrente, inherente al trabajo agrícola en el planeta y particularmente en zonas que presentan déficit para riego. Nuestro país no es la excepción a esta problemática en gran parte de su territorio, donde el 84% del uso consuntivo de agua corresponde a riego agrícola,  valor muy similar al promedio mundial (90%).

 

Este porcentaje considera el abastecimiento desde La Araucanía al norte, superficie que alcanza a 1,8 millones de ha. De esta, cerca del 65% tiene seguridad de riego razonable.

 

El 4,4% de uso consuntivo es utilizado para abastecer al 98% de la población urbana y casi el 80% de la rural. El uso minero e industrial representa el 11% del uso consuntivo total.

 

La demanda existente genera extraordinaria presión sobre los recursos hídricos. Desde la Región Metropolitana al norte, las necesidades de agua superan el caudal disponible y sólo consiguen ser satisfechas por su reutilización a lo largo de los valles provocando que, en periodos de sequía, lo sobrante que llega al océano sea prácticamente nulo.

 

La relación demanda/disponibilidad desde las regiones de O’Higgins hasta La Araucanía es más favorable. Y desde la Región de los Lagos al sur existe un superávit del vital elemento.

 

Crecimiento de la demanda

 

El panorama futuro no es muy favorable. Según estudios de la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas, los requerimientos mineros e industriales aproximadamente se duplicarían, en una proyección al año 2017. Análisis más recientes corroboran las perspectivas de 1999. Por ejemplo, la demanda hídrica en la Región de Coquimbo aumentaría en 28% al año 2015 y 36% al 2030, y en La Araucanía, 168% y 173%, respectivamente, en especial por parte de la agricultura.

 

El agua para uso agrícola se estima que puede crecer en cerca de un 20%, como resultado de las inversiones orientadas a mejorar la seguridad de abastecimiento de unas 500 mil hectáreas y de la incorporación al riego de otras 500 mil ha.

 

Con respecto a los sistemas de riego y su eficiencia, según el último Censo Nacional Agropecuario y Forestal (2007) se aprecia que un alto porcentaje (70%) corresponde a métodos de riego superficiales y solamente un porcentaje cercano al 30% a procedimientos más eficientes como aspersión, goteo y microaspersión, todo ello en un total de 1.903.806 ha. regadas.

 

Dada la situación nacional, en que gran parte de la agricultura requiere de riego para producir alimentos y a la vez sustentar el sistema agroexportador, es necesario tener conciencia sobre la importancia del uso eficiente del recurso hídrico, no sólo como estrategia para enfrentar el cambio climático, sino también para mejorar y optimizar el manejo de las diferentes etapas y procesos que intervienen en la gestión del agua, principalmente en las zonas bajo riego.

 

Proyecto INIA

 

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, como organismo técnico del Ministerio de Agricultura, está ejecutando desde diciembre de 2010 el proyecto “Determinación de la huella del agua y estrategias de manejo de recursos hídricos”.

 

Su objetivo principal es precisar o señalar la huella del agua o hídrica (ver recuadro) -una materia de interés mundial – de al menos diez productos seleccionados de acuerdo a su superficie plantada e importancia económica. En esto trabaja un equipo de investigadores de los centros regionales del INIA Ururi, Intihuasi, La Cruz, La Platina, Rayentué, Quilamapu, Remehue y Tamel Aike, responsables de la estimación de la huella hídrica de los siguientes rubros: tomate, oliva, uva de mesa, uva pisquera, palta, cítricos (naranja, mandarina y limones), tomate industrial, remolacha, leche de vaca y carne de ovino.

 

Los resultados del estudio se darán a conocer en una publicación a fines de 2012, entre ellos, los valores de la huella del agua de referencia de los cultivos asociada a producciones potenciales y la huella hídrica real, además de mapas de huella del agua por producto y por cuenca hidrográfica, lo que permitirá realizar las comparaciones correspondientes.

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