Paltos en Ránquil: Nichos agroecológicos que permiten ampliar la producción regional

07 de nov de 2012

En la Región del Biobío existen microclimas que favorecen nuevas alternativas rentables

Hace nueve años que Agustín Feijoo llegó desde Concepción, con su esposa Andrea Muñoz, a la comuna de Ránquil para hacerse cargo del fundo San Agustín, heredado de su abuelo. Desde entonces quiso hacer algo diferente en las10 hectáreas de laderas que circundan su casa, ya que el resto de la propiedad tiene pinos. “El problema era cómo sustentar el día a día, pues las plantaciones es inversión a largo plazo”, dice, mientras señala los pinos quemados por los incendios que afectaron la comuna a principios de este año.

Buscaba poner cerezos, uno de los frutales preferidos por los pequeños propietarios del secano interior de estas comunas de la provincia de Ñuble. Hace unos cinco años su amigo Luis Monsalves lo llevó a su huerto de paltos en la vecina comuna de Quillón. Ese fue el comienzo. “Me dijo, llévese unos poquitos y los prueba allá. Los pusimos, se afirmaron, crecieron, empezaron a dar frutos y pusimos más”.

El cultivo de paltos con fines comerciales es casi inexistente en la región. “El palto es de hoja perenne, muy poco resistentes a las bajas temperaturas. El peligro de las heladas es permanente para nuestra región, de ahí que se prefiera, lógicamente, cultivar frutales de hoja caduca, que entran en receso en invierno y con floración tardía, de manera que escapen de heladas en primavera”, explica Pablo Grau, investigador de Inia Quilamapu, desde su experticia en frutales.

Para Grau, el aprovechamiento de las laderas con terrazas para las plantaciones ha permitido al propietario hacer frente a la amenaza de las heladas “pues la baja temperatura se comporta como un fluido, como el agua, baja por las laderas hacia el fondo y no se queda afectando los árboles”.

Ha sido la experiencia empírica la que ha empujado a Feijoo a entusiasmarse cada vez más con sus paltos. Cultiva la variedad Hass, la predilecta del público y también de los productores a nivel del país.

 

“Uno lo maneja”

Nos confiesa el porqué de su preferencia por este árbol: “El palto tiene algo que me encantó y es que uno lo puede manejar; por ejemplo, en noviembre empieza a cuajar y en agosto o septiembre ya se puede cosechar, pero yo lo hago un poco más tarde, a fines de noviembre, entonces si veo un árbol que tiene muchas paltas le saco, dejo más o menos un 50%, entonces dejo el restante para marzo, abril, cuando tiene un mejor precio, además el fruto crece más y gano más en el kilo y en precio. Esa es la cualidad que tiene el palto que no la tiene ningún árbol””

 

“Hay que tener agua”

Cuando le preguntamos por los factores que considera principales para el éxito productivo de un huerto, responde tajante: el riego. “Si uno no tiene agua no puede plantar, porque si lo plantó en septiembre todavía caen agüitas, pero en enero, febrero y marzo, que por lo general no llueve, entonces el palto muere”. Se siente afortunado de contar con una vertiente nacida en un bosque nativo, que le facilita la conducción gravitacional del agua que culmina en una red de riego tecnificado destinado a nutrir las 1.700 plantas puestas en septiembre pasado y las 1.500 introducidas desde hace cinco, cuatro y tres años. Reconoce que el no uso de maquinaria ni de energía para producir el riego le significa una importante disminución de costos.

 

La comercialización

Feijoo se entusiasma cuando nos cuenta de sus paltas: “El fruto es bueno, rico, sabroso, yo me siento contento, o sea, si yo tuviera los recursos, si me pudieran ayudar, plantaríamos más, pero insisto en que la parte comercialización es clave”.

Indudablemente, está pensando en la entrada en producción de las dos hectáreas y media plantadas hace siete meses, las que ya están dando frutos y con las que completa cinco hectáreas, en las que anhela poner en el futuro cercano. Por ahora vende en Concepción y no se queja de los resultados, pero se inquieta cuando piensa en el momento que todo el huerto esté en en labor productiva. “En plena producción un palto normal me da 80 kilos por cosecha”, señala mostrando su satisfacción por el trabajo que con sus propias manos realiza una temporada tras otra.

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